Fragmento 20 - La palabra perfecta
Ciegos los ojos mortales, ciegos de mi y de mis mundos internos. Ahogados ante un basto mar de palabras que apenas moja los pies del imaginario y limita la voz del alma. En tus ojos llanto de una espesa tinta negra que cubre el contorno de tus dedos delatando por donde has pasado, y aquel nefasto aroma amargo se ha impregnado en ti, ahora lo puedo notar en mis prendas, el aroma y tus huellas jamas se irán, no por completo. Obsesionados los ojos que contemplan una sonrisa blanca como el marfil, obsesionado quisiera verme a mi, inspirado, sumergido en mi trabajo, pero padezco un reseco letargo de mis ánimos ¡Malditas palabras! que no se moldean a mi voluntad. ¡Maldito yo y mis egos, mis flagelos e inseguridad!. Amarte no merezco, y si no me amo jamas seré amado, dicen, con tantas palabras hablan tanto y dicen tan poco... Maldito yo y mis celos, y este solitario mundo interno.
Todo lo que toco muere, todo lo que miro desaparece. Te di a luz tantas veces solo para que nacieras, y al segundo siguiente tu vida acabara de la forma mas cruel e irónica, por que todo lo que creo muere y nunca llega a ser poseedor de mi afecto aun reteniendo su cadáver con recelo como para no olvidar mis egos.¿Será este el desprecio que sintió dios poco después de hacernos? ¿Seremos su obra muerta al nacer, que avergonzado retiene junto a él solo para no olvidar, para castigarse también?
Y seguiré matando a todos mis monstruos hasta que un milagroso día uno se vuelva mas fuerte y real que yo y termine matándome a mi. Seguiré arreando palabras hasta que ellas consigan rugir, hasta que vuelvan de sangre tinta negra, dibujen hasta que mi interior toque tierra, naufrago enfermo, habiendo cruzado a suerte y terquedad nuestro basto tormentoso mar.
Ciegos mis ojos mortales, ciegos de ellos y sus mundos internos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario