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domingo, 21 de mayo de 2017

Bitacora de Insomnio 2


Fragmento 26- El Acto

La linea que divide a la pared del techo. La misma linea que divide al acto y la farsa, lo fácil de mi mismo, de mi casta y autentica verdad, siempre a medias. Pero soy mundano, superfluo, un ser retocado y decorado, un guion aprendido y bien adaptado. ¿Que escondes muy dentro? Sin mostrarle al resto ¿Que escondes? ¿Que no dejas ver? Sin saber muy bien quien eres ahora, el acto o el monstruo y los dos y ninguno. El filo sobre la madera, desgarrándole la piel, siguiendo las lineas de tus secretos y las metáforas de los míos, simplificado y envuelto en distracciones, sigues tratándote de esconder, aun cuando muestras un poco de tu hueco, que difícil es ser para el otro. Respiraba polvo de aserrín, impregnándome de ella mis manos mi rostro mi pelo y mi ropa, y cortaba lentamente, trozo por trozo, una labor muy poco placentera. Hundí un clavo en tu piel, lo golpeé con el martillo con una rabia inmensa, golpe tras golpe tras golpe, formando un violento caos a mi alrededor, que siniestra escena, que relajante catarsis. Una cruz y una boca que derrama sangre, cuando me trago mis palabras y estas carcomen mis entrañas, una hemorragia, un ojos llora cenizas, pequeñas heridas sobre la retina, han causado mis pensamientos aquella forma de ver la vida que lastima, una soga al cuello asfixia, apenas logro respirar, y un monstruo allá en la otra mitad feo y oscuro tétrico y oculto, bajo este bonito rostro eres solo un bestial monstruo. Esa linea que no existe realmente, que divide a la pared del techo, es solo una ilusión.

Un acto sin sentido, al replicar de la campana, bañado en luz roja. Vestida de negro enseñando las piernas y un Az de Picas se sentó frente a los espectadores que observaban entre las sombras y habló mientras golpeaba la mesa, castañeteaba los dientes, silenciaba al silencio, y rascaba con sus uñas rojas la superficie. Mientras narraba una conversación que nunca tuvo con un hombre invisible que en algún momento se convirtió en mi, y me volví el hombre sobre el reflejo del vino y la chica que se corría el labial con fastidio, harta de escuchar las estupideces y prejuicios del hombre, de la sociedad, del mundo.

Lo que debo, lo que debo ser, lo que debo hacer, supuestamente, pero no quiero.

Agarra y me dice " -¿Que te gusta?-" Yo le respondí que no me gustaba nada.
"-¿Como que nada? Algo te tiene que gustar-"
"-No nada-"
"-No, puede ser-"
Me miraba como  con asco mientras se tomaba un vino barato. "-¿Por qué te vestiste así?-" Me pregunta."-Por que quería ¿Que tiene que ver?-"
"-Y es que... -"
"-Me puedo vestir como quiera, lo que me ponga no cambia lo que soy-"
Me dijo que me iba a quedar sola.
"- Que lastima ¿No? como si me importara-" Pero si me importaba. 
Mientras mas me rechaces mas te voy a imitar.

Lo que deseo, lo que me atrae y fantaseo. Lo quiero pero no debo, no puedo.

Le pregunte "-¿Que es lo que no te gusta?-"
Y me respondió "-Me gusta todo-"
"-Pero no no puede ser no te puede gustar todo. Tiene que haber algo que no te guste-"
"-No, me gusta todo-" Sonreía tomando su vino barato.
Y yo lo miraba pensando "Este pelotudo"
Por ultimo dijo "-Vos te vas a quedar sola mientras yo voy a estar con todas las personas que quiera-"
 "-Puede ser, pero yo no tengo ningún vacío que llenar y vos, vos tenes uno tan grande que no lo vas a poder llenar con nada ni con nadie-"
"-¿Que sentís ahora?-" Le pregunté. Agachó la cabeza y miró su reflejo sobre la superficie del vino.

"-Me siento solo-" 


Escucha el replicar de la campana. La única luz que alumbraba, roja y pálida, se apagó, en la oscuridad el choque estridente de los aplausos rompió el silencio y llenó el cuarto, resonando asombrado en mis oídos. Nunca entenderé los gustos ajenos, pensé mientras me quitaba mi disfraz; mi casta verdad, siempre a medias. Y me colocaba mi ropa de siempre; mi acto bien ensayado y aprendido.  

Sobre el espejo juré "Perdonaré solo a quien no me crea" Mirando en mi reflejo lo que de nuevo he escondido.